Yayo Juan José.


yayo“Porque el dolor es nada si debajo
no suenan las canciones de los días felices…”
Luis García Montero

Decía Aquiles en la película de Troya:

Ellos nos envidian porque somos mortales, porque cualquier momento podría ser el último. Todo es más hermoso porque hay un final.”

Se refería a los Dioses griegos pero a mí me recordó al yayo como muchas cosas en las que ahora pienso. Me quedé con la última frase: “Todo es más bonito porque hay un final”. Algo que nos cuesta mucho entender, ansiamos una vida infinita pero nuestros deseos son perecederos. “Para que brote la planta ha de morir la semilla”.

Este final que, en el mundo en el que vivimos, se omite, se borra y se diluye para engañarnos haciéndonos inmortales, cuando en realidad no lo somos. Somos perecederos, mortales, finitos, es algo que sabemos desde que nacemos pero vamos postergando para más adelante. Cuanto antes nos enfrentemos a la realidad mejor preparados estaremos para cuando llegue el momento, “Velad, pues no sabéis el día ni la hora”.

En cambio el yayo Juan José se había hecho ya a la idea, eran muchas noches dando vueltas a la cabeza, creyendo que iba a ser la última aunque nunca lo era. Había vivido mucho y había vivido bien, había conocido a sus bisnietos, quería a las parejas de sus nietos y nietas como si fueran nietos y nietas más. Había conocido a sus bisnietos y bisnietas y jugado con ellos a pesar de que las fuerzas estaban escasas, parecía rejuvenecer. No se esperaba ver casados a cuatro de sus cinco nietos, estaba tranquilo porque veía que habíamos encauzado nuestras vidas y preocupado por nuestro futuro laboral en un mundo donde éste se precariza cada vez más. ¿Quién nos contará todas esas historias que forman parte del yayo, pero que también eran parte de la historia? Últimamente decía que ya le quedaba poco, que ya había vivido mucho y que se estaba apagando, nosotros le decíamos que no tenía que pensar así pero él lo tenía bastante claro, algo le decía que su llama se iba apagando.

Pero nuestra finitud no se conforma con ello y nos cuesta ver la zona del sofá vacía por la ausencia del yayo, nos duele ver los cascos inalámbricos sin dueño, esos con los que te habíamos familiarizado cuando te sentabas a ver la tele, la cama de colchón de lana donde uno no entiende como se puede dormir, el huerto de casa donde todavía te gustaba estar controlando qué se sembraba, la distancia entre siembras, si hubieras tenido fuerzas la azada hubiese sido tu compañera, la azada, las cartas y el mando a distancia.

Nos duele y nada nos reconforta, porque sentimos un vacío que va ser imposible de llenar, porque nos falta alguien que ha estado siempre con nosotros, que ha sido acompañante en la vida. Tu recuerdo seguirá siendo compañero yayo abuelet y hablaremos de ti a nuestras hijas y a nuestros hijos. Donde quiera que estés un abrazo y recuerdos a la yaya Joaquina.

Termino con un pequeño extracto de la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández

Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

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Acerca de jangas

Estudié Ingeniería Técnica Informática de Sistemas en La Almunia(Universidad de Zaragoza). Soy profesor de Informática. Milito en Izquierda Unida y en Profesionales Cristianos. Tengo una compañera estupenda, Sofía y dos pequeños que llevan menos tiempo con nosotros, Mario y Lucía. Concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Palencia.
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2 respuestas a Yayo Juan José.

  1. Pedro dijo:

    ¡Qué inmenso privilegio el de quienes hemos podido disfrutar del cariño de un abuelo o de una abuela! Su ternura nos ha equipado para vivir sabiendo nuevas formas de amar y su recuerdo es un regalo precioso para la memoria.

  2. jangas dijo:

    Gracias Pedro, sentía la necesidad de publicar lo que siento y compartirlo. Es una manera más de superarlo y tenerlo en el recuerdo.

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