De la reforma laboral a la Revolución Social


“Ser de izquierdas es creer que no se puede ser feliz solo.”

Paul Thibaud. (En la agenda latinoamericana)

 Citaba Ignacio Ramonet en un artículo reciente titulado Generación sin futuro una frase de André Gide: “El mundo será salvado, si puede serlo, sólo por los insumisos”. Lo recordaba Federico Mayor Zaragoza en el artículo de Dominio Público del pasado sábado: “Evolución o revolución.”

En el debate preconizado por los grandes poderes que recitan de memoria las recetas neoliberales como las únicas posibles: O hacemos lo que nos mandan o se producirá una catástrofe. El desastre es la opción que nos dejan a quienes proponemos otras alternativas como nos ofrecen la inutilidad quienes presumen de una oposición útil menospreciando otros tipos.

La realidad es que últimamente no veo otra cosa que decisiones políticas catástroficas desde la opción que los grandes altavoces del sistema repiten como única. Todas las decisiones nos llevan hacia una hecatombe: la alternancia preconizada nos ha conducido a un modelo hegemónico que grita las diferencias morales mientras esconde una visión similar en lo económico y en las relaciones entre clases sociales.

Las víctimas de un sistema voraz son engullidas tranquilamente por la toma de unas decisiones impuestas que van a contribuir a sacarnos de la crisis, esa gran excusa que tolera todo tipo de decisiones injustas, en contra de las convicciones, contraviniendo las promesas electorales, … Mientras las víctimas siguen incrementando su número, precarizando su situación social, viendo imposible la solución de problemas acuciantes para su supervivencia. Ya no hablamos de dificultades para salir adelante, estamos hablando de empobrecimiento, de hambre, de un estado del medio-estar que molesta a determinados poderes.

Las cesiones mediante acuerdos por parte de los sindicatos mayoritarios en un Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva no han sido suficientes para que la Reforma laboral haya contenido las medidas extremadamente agresivas para calmar a “los mercados” que tienen, exigencia tras exigencia, un apetito insaciable. Así que no será la última medida que se tome en contra de los intereses de quienes vivimos de nuestro trabajo, seguirán cercenando nuestros derechos mientras las medidas que tomemos no sean igual de agresivas que las que toman contra nosotras y nosotros. Cabría preguntarse, una vez publicada la reforma laboral en el BOE, ¿no sería lógico renunciar a los acuerdos con la patronal, una vez comprobado que las concesiones del Gobierno a los empresarios van a ser constantes? Ya que no vamos a pactar la reforma laboral, en lugar de renunciar a derechos, sería más lógico que tengan que imponerlos y que el monstruo amable, que hasta hace poco pregonaba el cambio en España, tenga que mostrar su verdaderas fauces.

El trabajo sindical tendrá que redefinir nuevas estrategias que analicen la actual situación política en las instituciones y sean conscientes que el periodo de colaboración sindical para que los recortes sean más suaves no sirve para el momento actual. Y las negociaciones se convierten en concesiones gratuitas de derechos.

Las medidas neoliberales son interminables: si la reforma no resuelve el problema como pasó con la anterior reforma laboral de mayo de 2010 es porque no fue lo suficiente dura contra nuestros derechos, cuando esta no surja los efectos deseados, nos volverán a decir lo mismo. Cuando produce los efectos deseados es a costa de una precarización de las condiciones de trabajo que hace imperceptible dichos beneficios. (Para qué va a servir tener un empleo indefinido si este va a tener condiciones muy similares al empleo temporal). Al final este tipo de políticas se convierte en una espiral encaminada en la misma dirección que no solucionan el problema de desempleo pero seguirán aumentando otros problemas como la desigualdad social, la injusta redistribución de la riqueza, el empobrecimiento de las clases populares, la disminución de la calidad de los servicios públicos y la protección social, etc.

La cantidad de medidas regresivas que están generalizando los poderes institucionales gobernados por el partido popular habrán de servir para disminuir la legitimación social de gente que votó a este partido esperando un cambio de políticas y se encuentra con las mismas políticas aplicadas de manera más agresiva contra los mismos actores.

En la calle tendremos que canalizar el descontento social de medidas que tendrán que generar una revolución social pacífica, que ponga a las personas por delante de los beneficios y otras maneras diferentes de hacer política donde primen los intereses de la mayoría: reparto del trabajo, trabajar menos para trabajar todo el mundo, vivir bien con menos cosas, sostenibilidad medioambiental, …

La revolución social tendrá que empezar el próximo 19 de febrero en las manifestaciones que los sindicatos y movimientos políticos realizaremos para detener este tipo de agresiones. Las manifestaciones no crearán empleo pero defenderán los derechos socio-laborales que han costado siglos conquistar.

Quien quiera un análisis más exhaustivo sobre la reforma laboral ahí está el escrito por Alberto Garzón y Juan Torres en altereconomia.org.

Otros compas que han escrito sobre la reforma laboral en iloveiu.org: -Kabila -Punts de Vista -Ciberculturalia -Viramundeando -Más se perdió en Praga -Fuente Palmera Times -Soto en Cameros  -Moscas en la sopa -El blog de Carlitos Buenaventura

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Acerca de jangas

Estudié Ingeniería Técnica Informática de Sistemas en La Almunia(Universidad de Zaragoza). Soy profesor de Informática. Milito en Izquierda Unida y en Profesionales Cristianos. Tengo una compañera estupenda, Sofía y dos pequeños que llevan menos tiempo con nosotros, Mario y Lucía. Concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Palencia.
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2 respuestas a De la reforma laboral a la Revolución Social

  1. Pingback: En la cárcel de la democracia: abusos laborales « Bosque de Brocelandia

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