La gota que colme el vaso


“Los numerosos nadies, los fuera de lugar, son “económicamente inviables”, según el lenguaje técnico. La ley del mercado los expulsa, por superabundancia de mano de obra barata. ¿Qué destino tienen los sobrantes humanos? El mundo los invita a desaparecer.”
Eduardo Galeano

Después de múltiples recortes en los ámbitos más necesarios de la vida, esta se está volviendo más amarga para la mayoría.

No existen plazos más allá de los establecidos, tiene que haber siempre una última gota que colme el vaso. La intuición dice que hay que ser precavido y que nada dura eternamente. Que en algún momento la gente ha de decir basta y, entonces, no habrá mayorías absolutas que valgan.

Todo depende de que seamos capaces de organizar la rebelión y canalizar la indignación hacia un movimiento político que ponga las necesidades de las personas por encima del resto de intereses.

No hay pacto social posible, ni regreso a un mundo anterior donde los dueños del sistema permitían que nos alimentáramos de las migajas. Tenemos derecho a la justicia social, no necesitamos los restos porque estamos dispuestos a conseguirlo todo y a repartirlo justamente.

Quienes sigan con cantos de sirena, nostálgicos de una situación pasada que les permitía cuotas de poder ínfimas que ahora añoran, que sepan que ya no hay espacio para eso.

El proceso está en marcha y no hemos sido nosotros ni nosotras los que hemos empezado esta lucha, el excesivo egoísmo de aquellos para quienes nunca hay suficiente ha puesto final a este tiempo de relativa bonanza. No estamos dispuestos a que los de siempre sigan nadando en la abundancia mientras sus recortes provocan muertes, dolor y destrucción. Una avaricia sin límites, una voracidad infinita por su parte nos ha puesto contra las cuerdas y tenemos que tomar partido. Los derechos humanos tienen que estar por encima de todo.

Las armas de las que disponemos son escasas pero potentes, no hay lucha que no se gane con coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca, nuestras palabras tienen que encender la mecha que ponga este mundo patas arriba y desnude un sistema injusto y paradójico

Hay que tomar conciencia de que esta crisis que nos venden es una gran estafa, que ya sufrieron otros pueblos, los de América Latina han comenzado liberación, ¿por qué no damos paso hacia ella? Somos minoría, pero la mayoría tiene que estar con nosotros para abrir las puertas a un nuevo modelo de sociedad más digna y humana.

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Acerca de jangas

Estudié Ingeniería Técnica Informática de Sistemas en La Almunia(Universidad de Zaragoza). Soy profesor de Informática. Milito en Izquierda Unida y en Profesionales Cristianos. Tengo una compañera estupenda, Sofía y dos pequeños que llevan menos tiempo con nosotros, Mario y Lucía. Concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Palencia.
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2 respuestas a La gota que colme el vaso

  1. Demóstenes dijo:

    Se han terminado los tiempos en que los europeos decíamos que todo el mundo tiene la misma oportunidad de enriquecerse, que quien tiene poder es porque se lo ha ganado. Cada vez hay menos historias de triunfo, que alimentaron el imaginario capitalista durante décadas contando la historia de aquel gran empresario que empezó su gran fortuna en el garaje de su casa montando un ordenador. Las oportunidades propias de un avance tecnológico sin precedentes ya no están disponibles, ya no podemos vivir de la idea de que todo el mundo puede ser rico si se lo propone, porque ya es cada vez menos cierto.

    Creo que esta crisis nos está haciendo a todos más y más extremistas, más idealistas y más ”hastaloscojonados” que nunca. Y yo cada vez que lo pienso, menos me importaría una verdadera revolución obrera para poner en su sitio a aquellos que se han confiado creyéndose que tienen el poder, y que si hemos de caer en el intento, lo hagamos con la frente bien alta.

    • jangas dijo:

      Tener el poder implica la responsabilidad de llevarlo a término con medidas beneficiosas para la mayoría. El problema es que ahora ni siquiera lo cuestionan, hay que transformar cómo se hacen las cosas y cuestionar un modelo económico que se olvida de los últimos y que amontona cada vez más porquería debajo de la alfombra

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